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El presidente de la Ford duda del futuro del automóvil


“No podemos seguir metiendo automóviles en las grandes ciudades.”
Si lo digo yo no tiene mayor gracia, que finalmente es la lata que he venido dando majaderamente durante estos últimos años. Si lo dice el presidente de la Ford Motor Company la cosa cambia radicalmente, que querámoslo o no el gigante de Detroit ha sido un actor demasiado importante en la conformación de la ciudad contemporánea como para no prestarle atención. Alan Mullaly, presidente y CEO de la compañía, se despachó la reflexión hace unos días en el marco de un encuentro con blogueros en el Detroit Auto Show, donde se junta la crema y nata de la industria automotriz.
El título del Financial Times, medio que cubrió el evento, es más que decidor: “Ford says more cars are not the answer to cities’ problems” (Ford dice que más automóviles no son la solución a los problemas de las ciudades). Más claro echarle agua. De acuerdo a lo señalado por el blog Triple Pundit, Mr. Mullaly indicó que la prioridad de los gobiernos en el futuro será invertir en redes de transporte público para mover a la gente que vivirá en ciudades cada vez más densas, precisamente el patrón de desarrollo urbano que durante casi un siglo la compañía del óvalo combatió con fiereza. Henry Ford se daría vueltas en su tumba al escuchar a su sucesor: mal que mal, el fundador del gigante automovilístico fue un ferviente y entusiasta partidario del proceso de suburbanización norteamericana, que significó el caldo de cultivo propicio para el florecimiento de una industria que siempre ha visto la dispersión urbana, y su consiguiente aumento de distancias de viaje, con el mayor de los beneplácitos.
“Vamos a ver más y más ciudades de gran tamaño. La movilidad individual será un tema de creciente importancia para tener una mejor calidad de vida en las grandes ciudades”. Las afirmaciones de Mr. Mullaly no son gratuitas: son el fiel reflejo de una industria que ve con preocupación el hecho que los jóvenes norteamericanos cada vez consuman menos automóviles, que prefieran mudarse a los centros de sus ciudades, donde caminar, andar en bicicleta o usar transporte público son alternativas mucho más atractivas que rumiar durante horas detrás de un volante para trasladarse de un distante suburbio a trabajos que no se han movido de las zonas céntricas. Los datos son decidores: a partir de 2005 la cantidad de millas totales recorridas por los norteamericanos ha disminuido de manera lenta pero sistemática, bajando de la mágica cifra de 3 trillones anuales alcanzada ese año[1] (la gran crisis económica puso lo suyo, hay que decirlo).
El presidente y CEO de la Ford no tiene clara la película del futuro de la industria y de su compañía. “Quizás nos enfocaremos en componentes; quizás en piezas de equipamiento. No lo tengo muy claro.” Rara honestidad para el representante de un gremio siempre caracterizado por la seguridad casi insolente de sus miradas a futuro. Uno de ellos, los que nunca se equivocan, los que tienen la bola de cristal infalible que nos enseña que el futuro se construye comprando sus productos, admite que quizás no tienen todas las de ganar en los años venideros, y que quizás el porvenir de Ford es completamente distinto al que su fundador soñó para la eternidad.
¿Tiene razón Mr. Mullaly para expresar tamaña incertidumbre? Sí y no. Está en lo cierto al decir que las grandes ciudades no podrán (no pueden) basar sus políticas de movilidad en el automóvil particular, sencillamente porque el espacio no alcanzará para acoger una demanda que la historia ha demostrado que es insaciable. De ahí a desaparecer el automóvil hay un trecho muy grande. En lo personal, creo que esto no va a ocurrir en un buen tiempo. De hecho, y aunque muchos lectores se escandalicen, creo que es perfectamente posible pensar en un mundo donde convivan con armonía la industria automotriz con ciudades más sustentables. Una cosa es el aumento en la propiedad de automóviles (algo que va a ocurrir sí o sí en el futuro inmediato dado el crecimiento de economías emergentes como las de China, India y Latinoamérica), y otra muy distinta el uso que demos a esos coches. Si logramos separar tenencia de uso, y fomentamos formas distintas de propiedad, tal como sucede en varios países europeos líderes en transporte sustentable, el futuro de nuestras ciudades y su población será bastante mejor. ¿Cómo será el automóvil del futuro? Creo que más pequeño, alimentado por fuentes renovables, e integrado a redes comandadas por un “cerebro” ordenador del tráfico urbano. Creo que habrá más automóviles, pero su uso estará mucho más regulado a través de distintos mecanismos de gestión de la demanda. Abundarán impuestos al kilometraje, el establecimiento de tarifas de congestión, y la gestión del espacio de estacionamiento. Se popularizarán los sistemas de automóviles públicos, como el francés Autolib’, los automóviles en renta bajo sistemas de carsharing, y los orientados al uso compartido. Todo un combo para hacer del automóvil un medio mucho más eficiente que el que conocemos hoy.
La Ford tiene futuro. Las ciudades también.

[1] De acuerdo a cifras del US Department of Transportation citadas por Vishaan Chakrabarti en A Country of Cities. A Manifesto for Urban America. Metropoli Books, 2013

Fuente:  PEDESTRE

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